2 Julio 2009

Con la letra R

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Me acuerdo de estas palabrejas que acompañaron mi infancia y ya casi nadie usa. Para que no se pierdan:
Rabisca: persona de mal genio, que fácilmente coge una rabieta.
Recortejana: se dice de una prenda de vestir que anda escasa en el largo. También se solía emplear para personas bajitas.
Rehilar: temblar. En la frase: “le rehilo”, queríamos expresar: le temo.
Repeyendo: estarle a uno una prenda de vestir muy pegada al cuerpo, por ejemplo una falda.
Respailando: salir respailando, es salir poco airoso de una situación, huyendo en cierta manera.
Roznar: masticar con ruido algo duro,  ¿caramelos?
  

 

30 Junio 2009

Sabores, olores, colores…

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Cuando llega el verano se multiplican. Y también se añoran. Sabores: imposible encontrar el sabor de un tomate como los de antes, de una fresa, de un melón… ¿Tendremos que renunciar para siempre a ello? Te viene a la mente aquel momento mágico en el que tú partías un tomate y el sabor a verano te invadía el cuerpo, y el olor a tomate te invadía el alma, y el color de tomate deslumbraba tu vista. ¿Tendrá esta generación que acaba de nacer la desgracia de no saber qué es un tomate verdadero? ¿Cómo es posible que estemos renunciando a cosas tan simples y tan fundamentales? Cuando tengo en mis manos uno de estos amagos de tomate, simples, inodoros, verdosos, me acuerdo de la copla:
“Tomate, qué culpa tiene el tomate
de haberse criao en la mata
pa que venga un tío malaje
y lo convierta en desgracia”
Delirio de los treinta y ocho grados a la sombra
 

21 Junio 2009

Álvaro Uno

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Escrito tengo como llegaste. Con el agua, con la luna, de una buena mano acompañado. Ya caminas, caminas y observas, no vas a lo loco, tu mirada examina y después tocas, tocas con cuidado, notando las texturas, fijándote en lo pequeño, tomando nota. Seleccionas, ya sabes lo que no te gusta. Eres seductor, conquistas con la mirada, envías mensajes de complicidad con el gesto, abrazas y entonces es cuando la sensación es indescriptible, ternura. Derrochas cariño, eres generoso, das y no quitas, difícil lo de compartir cuando estás descubriendo lo de poseer, te hará sufrir. Los destellos de tus ojos son de inteligencia, la rapidez de tu mirada lo dice también. Balbuceas. Cuando vayas haciendo tuyas las palabras las pondrás en buen orden, te gustan las palabras, te gusta que te hablan, que te cuenten. Aquí tengo los cuentos esperando, me sé todos los cuentos, los bonitos. Los de Celaya que te los cuenten otros, será inevitable. Todo está a favor, a tu favor. Sigue caminando, somos muchos los que estamos a los lados de tu camino, vigilando, velando, quitando piedras, rellenando baches, para que te deslices por él sin tropezar, pero a la larga el camino será solo tuyo. No lo tuerzas.

17 Junio 2009

El tren

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Adoro el tren. Es corta la palabra y largo el tren. Es  símbolo de libertad aunque siempre tenga que ir por el mismo sitio, sin salirse, y no pueda elegir su camino. Es signo de progreso. Es algo que todos los niños sueñan con conducir si les preguntas que quieren ser de mayores. Es seguro, es rápido, es alegre, es escenario de grandes relatos, de aventuras fugaces, de misterios. Lo manejamos en nuestro vocabulario diariamente con otros significados: engancharse al tren, vivir a todo tren, llevar un tren de vida, el  tren de los deseos, tirarse al tren. Ahí está, pese a todo, desafiando, recordando vías muertas, abriendo otras a velocidad de vértigo y también arrastrando alguna pena, cuando, sin más remedio, ha tenido que llevarse a alguien que le eligió para terminar su historia.

2 Junio 2009

Demostrativos fulminantes

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“Señalan la situación espacial o temporal del nombre al que determinan con respecto al hablante”
Esa es una de las definiciones que se pueden dar de ellos. Pero realmente se le podía añadir: la situación emocional, ideológica…, y alguna más.
Estaba oyendo esta mañana hablar a Felipe González y, no lo recordaba, pero bien es verdad que acostumbraba a hacerlo, se refería a la oposición como “estos”. Decía: no pensarán estos que así lo arreglarán” y no podía haber en ese demostrativo que marca la proximidad o bien la distancia, tanto en el tiempo como en el espacio con relación al hablante, una mayor carga de desprecio, de superioridad, de lejanía, de muchas cosas y ninguna buena, pero sin duda, expresaba con sólo esa palabrita corta todo lo que algunos no saben decir ni con mil palabras. Es lo que tiene manejar la oratoria. Un simple pronombre describe una situación, un pensamiento, un reproche, una ideología de la que, bien es verdad, que nos pasa como con el demostrativo, ya no sabemos si lleva o no lleva tilde.

25 Mayo 2009

¿El día más feliz de mi vida?

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Eso me pusieron en el recordatorio, pero no lo recuerdo yo así. El día de mi comunión fue un día de miedos, de incertidumbre, de incomodidad. Lo único que recuerdo bonito era el vestido blanco, largo hasta los pies que te equiparaba un poco con Sissi Emperatriz. Pero los zapatos me apretaban, los tirabuzones que me hicieron con aquellas horribles tenazas calientes que no eran capaces de dominar mi pelo liso, se deshacían por momentos sin esperarse siquiera a terminar la procesión. A esa angustia se unía la del pecado. Mi alma tenía que estar blanca como el vestido o más, y para eso yo había confesado convenientemente la víspera, pero tenía muy claro que cualquier sombra de malos pensamientos enturbiaría mi alma y ya no estaría dispuesta a recibir la gracia divina de aquel rito iniciático. Entonces caería en el sacrilegio. Tremenda zozobra la del infierno.
El calor era sofocante aquel día de mayo. Mi padre no quiso comulgar con lo cual, yo, como alguna otra más, quedamos señaladas, el trío en el reclinatorio para recibir a Dios estaba incompleto, yo en soledad con mi madre, pero con Dios, eso sí. ¿El día más feliz de mi vida? Creo que los ha habido bastante mejores.
 

13 Mayo 2009

La gente de Madrid

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Para mi abuelo era fascinante. Mi abuelo era un hombre de pueblo, como yo, que cuando llegaba a Madrid, muy de tarde en tarde, porque entonces sí era una aventura ir a Madrid, pues él no salía de su asombro y lo repetía una y otra vez:
“tú llegas a Madrid, las calles están llenas, no se puede andar de la gente que hay, te vas al teatro y está lleno, si entras a una cafetería, a tope, comerse un pastel en la Mallorquina tarea para esperar, si vas a los toros la plaza de bote en bote, y del metro ya no hablemos, pero lo mejor es que tú vas a las casas, y allí también hay gente” ¡Gran misterio!
No salía de su asombro y de alguna manera me lo transmitió a mí y hoy, curiosamente, leyendo en El País a Eduardo Verdú, me ha venido a la mente esa imagen de mi abuelo asombrado y he comprobado que esto sigue pasando, que Madrid es un lugar donde el exceso de gente es eterno.

9 Mayo 2009

Recuerdos de una guerra

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Lo ha escrito Teresa y vale para cualquier guerra. 

Llegaste como si nada, con un susurro que no pude comprender y entonces, sin explicación alguna, te volviste a ir. Fue la primera de muchas ocasiones.A veces te escondías entre las esquinas de la escuela. Tú evitabas que el rugido y la furia de los morteros me asustasen. Improvisabas muecas y guiños incluso detrás de la maestra, que también fingía que no ocurría nada. Me hacías reír mucho, las carcajadas despistaban a mis compañeros, sin embargo, la profesora no se enfadaba,  bastante tenía con impartir clase mientras el fuego y el  humo resbalaban por las paredes del cielo.

Me gustaría abrazarte en agradecimiento por salvarme tantas veces y lograr que no me alcanzara la metralla, ¡estuvo tan cerca!

Quiero que vuelvas y te quedes, dormirme sobre tus piernas y que me cuentes historias de nuevo. Papá dice que no puedes, llora mientras me explica que estas muerta.

Todos lloran aquí madre, yo también  lloro mucho y  te llamo entre sollozos las noches que no apareces. Luego me calmo y pienso en tus brazos que siempre me han protegido. En que quizás mañana regreses y pueda, por fin, olvidarme de esta guerra.

                                 Teresa Martín Gómez

28 Abril 2009

Las dulcineas

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Conozco a varias, o quizás a muchas, es cuestión de verlo despacito, porque incluso algunas que no parecen serlo, si rascas un poquito, aparece la dama.

Son mujeres que necesitan un caballero a su lado, en su vida, alguien que les libre del dragón, que de la cara por ellas y si es posible que se la partan porque así serían más caballeros ellos y más dulcineas ellas, ¡donde va a parar!, alguien que deshaga sus entuertos, que les suelte loas en el momento preciso, y que lanza en ristre vaya abriendo sus caminos y limpiándolos de gigantes amenazadores.

Es una pena, porque algunas de estas dulcineas son muy válidas, ellas solitas podría manejar la lanza, pero es mucho más dulce cobijarse bajo la sombra del escudo de su caballero y entretenerse en sacarle brillo.

15 Abril 2009

Abuel@s

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Están en ascenso: crían nietos, ayudan a pagar hipotecas, viajan y llenan hoteles en temporadas bajas. Es una marca que vende: las patatas del abuelo, la fabada de la abuela, el espetec de toda la vida. Anda que el abuelete de la coca-cola no mola. Yo tengo una amiga que lleva escrita su parrafada en un cuaderno, en el bolso y en horas bajas lo saca, lo lee y tira palante; pero no nos engañemos, los abuelos valen mientras sirven. Los abuelos ya no cuentan cuentos, porque claro, con ese aspecto que tienen a los sesenta lo suyo no es contar cuentos sino hacer Pilates; ya no dan consejos, ¿quién está para escuchar monsergas? Ya no se sientan mano sobre mano, como la mujer del escribano, y proyectan esa sombra de paciencia y paz que nos cobijaba a los niños de mi entonces. Los abuelos llevan la misma carrera enloquecida que todo su entorno y, cuando esa carrera se para es porque no sirven. Su sitio ya no está en el sillón al calorcito de la mesa camilla, ni en la sillita baja, al solecito de su puerta en otoño, su sitio es amplio y triste, su sitio es una residencia estupenda, limpia, con jardines y poseída por la infinita Soledad.